Saddle: El próximo gran restaurante de Madrid

  • Tartar de gamba roja de Garrucha y sus corales al ajillo. | CAMINDELPECAO.COM

Saddle: El próximo gran restaurante de Madrid

Aspira a convertirse en un nuevo clásico del lujo, y lo hace desde el local que antaño ocupó el icónico Jockey. En estos tiempos, no lo tendrá demasiado fácil, aunque llevabuen camino…

Con tanta competencia en la capital madrileña, no será fácilpara Saddle convertirse en el restaurante de gran lujo que aspira ser. Tiene todos los mimbres, y en ello están, pero Madrid ya no es el Madrid de hace apenas tres
décadas, donde no era tan complejo para los grandes clásicos situarse entre los más tops.

Para empezar, arranca Saddle su andadura en el local (absolutamente renovado) donde tantas comidas gloriosas sirvió el inolvidable e icónico Jockey hasta 2012. Con un concepto gastronómico de lujo total, un grupo de empresarios ha dado forma a este ambicioso proyecto en la calle Amador de los Ríos.

1.600 metros cuadrados repartidos en tres plantas, con The Lobby Bar a la entrada, sirviendo cócteles, y 25 mesas en el llamado The Restaurant, donde la alta cocina y un servicio de sala exquisito buscan convertir esta casa en uno de los restaurantes más exclusivos de Madrid. De momento, la sala se muestra algo fría y desangelada.

Abajo, en el restaurante de alta cocina, 25 mesas y un jardín. En la primera planta, cinco privados para de 4 a 25 personas donde disfrutar de una experiencia más íntima y discreta

En The Rooms, en la primera planta, disponen de cinco privados para entre 4 y 24 personas, con recepción independiente.

¿Y qué se encuentra uno cuando llega a Saddle para disfrutar de esta experiencia por primera vez? Por el momento, se encuentran en rodaje, y aún se nota. Un equipo de sala joven y pelín nervioso se esfuerza al máximo en ofrecer una experiencia única.

La carta lo tiene todo para acertar. No hay menú degustación, pero sí raciones y medias raciones, por lo que el comensal puede fácilmente hacerse una idea de la oferta gastronómica si elige aquí y allá y prueba un poco de todo, excelentemente emplatado y con sabores irreprochables.

Merece la pena disfrutar del carrito de panes, mantequilla y aceites, es un espectáculo, o del de infusiones. Y por supuesto, del carro de quesos, que en los primeros pasos de Saddle aún no estaba disponible.

En cuanto a los vinos, la extensa carta está a la altura del gran restaurante en que pretende convertirse Saddle. Los precios, muy subidos, al estilo de los grandes restaurantes.

 

En definitiva, una experiencia exquisita que hay que repetir, sobre todo para hacer seguimiento de la evolución de esta sala. 

Larga vida al Saddle, y que nos traiga muchos encuentros gloriosos.

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